Un equipo de investigadores de la Universidad de Antofagasta trabaja en una solución biotecnológica para enfrentar la contaminación por plástico PET, el mismo material de las botellas de bebidas y envases de alimentos. El proyecto utiliza microorganismos termófilos del Tatio para degradar este plástico a altas temperaturas, en un proceso que busca ir más allá del reciclaje tradicional.
El rector de la casa de estudios, Dr. Marcos Cikutovic Salas, valoró la instancia porque refleja con claridad el sentido y propósito que tiene la investigación en la educación superior pública: “generar conocimientos que contribuyan de manera concreta a resolver los desafíos y problemas que enfrenta nuestra sociedad”, destacó.
Economía circular
La iniciativa es parte de un proyecto financiado por el Gobierno Regional, a través del Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo, denominado “Transferencia biodegradación de plásticos con bacterias extremófilas para la economía circular”, código BIP 40067702-0, basada en la biodegradación.
Según explicó el director de la iniciativa, Dr. Pedro Zamorano Molina, la propuesta “no es sólo reciclar, es llevar plástico a sus componentes más básicos para volver a producir plástico virgen. Así aportamos a una economía más circular en la región”, detalló.
¿Por qué usar bacterias del Tatio?
El proyecto aprovecha microorganismos que viven en ambientes extremos como el campo geotérmico del Tatio. Estos organismos producen enzimas termostables, es decir, que resisten y funcionan a altas temperaturas.
“La innovación es hacer esto con bacterias de la región. Queremos trabajar entre 60 y 80 grados Celsius y usar la energía solar que tenemos en Antofagasta para que el proceso sea más sostenible, explicó el investigador.
De esta manera, la colaboración con Recinorte y Aguas Antofagasta permitirá probar el proceso en un ambiente más cercano a la realidad, en un sector con alta radiación solar, localizado en el Barrio Industrial La Negra de Antofagasta.
En qué etapa está el proyecto
Actualmente, el proyecto se encuentra en nivel de madurez tecnológica 3 (TRL3), lo que significa que ya se demostró a escala de laboratorio que las bacterias pueden degradar el PET y avanza con validaciones tecnológicas que buscan estandarizar el proceso.
El objetivo para los próximos dos años de financiamiento es alcanzar un TRL 4 o 5, es decir, demostrar el funcionamiento en un entorno relevante y avanzar hacia la escalabilidad.
“Si logramos crear una industria de reciclaje biotecnológico aquí, no solo ayudamos al medioambiente. También aportamos a la diversificación económica regional y a la creación de empleo”, concluyó el investigador.
Finalmente, es importante destacar que el proyecto articula a investigadores del Laboratorio de Química Biológica de la UA con académicos de la Universidad de Concepción, junto a la empresa Aguas Antofagasta y la colaboración de Norte Sustentable, que buscan acercar la ciencia a la comunidad y mostrar cómo la investigación universitaria puede dar respuestas locales a problemas globales como la contaminación plástica.