INSÓLITO: CLÍNICA SAN JOSÉ DE ARICA COBRÓ MEDIO MILLÓN DE PESOS POR ATENCIÓN DE URGENCIA A PROFESORA JUBILADA

Sin ningún miramiento, sin considerar el momento excepcional de emergencia que se vive por la pandemia y los efectos de toda índole que ha causado, y sin los resultados esperados para saber qué era lo que le generaba un dolor intercostal a la Sra. Lorenza G. R. -ex educadora de párvulos del ex Daem-, la Clínica San José de Arica, resolvió cobrarle por una atención de urgencia medio millón de pesos, que en cifras corresponden a $ 518 mil 218 pesos, según boleta emitida por recaudación del recinto, número 597025000749-V18.1A1, terminal 20E09382, con número de operación 010749.

Ya al ingresar a la citada clínica, faltando minutos para el mediodía del pasado miércoles 22 de julio, le exigieron pagar por la atención $ 21 mil pesos, luego, la facultativa de turno, tras un examen preliminar, le aseguró que lo más probable era una enfermedad de nombre diverticulitis, que aquejaba a personas pasados los 40 años.

La misma profesional le recomendó a la ex docente, hacerse un chequeo más específico para saber a qué atenerse y ver qué otros procedimientos había que seguir, información que le entregó a su esposo, barajando una probable hospitalización o tratamiento domiciliario, por lo que previo a exámenes de sangre, ordenó unos scanner o eco tomografías (2) -tórax, abdomen y pelvis- , cuyos resultados debían ser enviadas a Santiago, debido a que la clínica no cuenta con médicos radiólogos que pudieran hacer la evaluación de las placas “por efectos de la pandemia”, según respuesta de la facultativa; por lo que el informe estuvo horas después, firmado por el médico radiólogo, por lo que el alta, si es que se puede llamar así, fue faltando minutos para las 18 horas de ese día. Vale decir estuvo internada casi 6 horas.

Ambos sumaron $ 478 mil pesos. En clínicas del nivel central y a nivel local, el valor de uno oscila entre los $ 23 mil y los $ 95 mil pesos, de acuerdo al tipo de previsión.

Finalmente la ex docente egresó de una de las salas de atención, acusando una leve disminución de los dolores intercostales, producto de la aplicación intravenosa de ketoprofeno, único medicamento suministrado, que según el enfermero de turno había sido un relajante y que los exámenes, vale decir tomografías e informe posterior, eran para una orientación al paciente.

“Salí casi con los mismos dolores, y con una serie de interrogantes, y más confundida ya que ni siquiera hubo una respuesta a lo que iba, todo fue un podría ser…podría ser…”, agregó doña Lorenza.

Luego de aquello, procedió a cancelar lo que suponía un valor proporcional a la atención, pero nunca imaginó tamaña cifra que no reflejó la atención recibida, con respuestas finales que no apuntaron a la causal de los dolores.

“En ese momento, creo que al solo escuchar la cuenta, quedé impactada, atine a mirar a mi esposo, asintiendo un bueno, un será , con resignación, y no atinamos a nada, a nada más. Cancelamos con una tarjeta de débito, en que guardábamos nuestros ahorros en caso de una emergencia, los que finalmente entregamos en su totalidad, al no poseer tal cantidad en efectivo. Creo que entramos en shock el que duró minutos. Junto a mi esposo, empezamos a buscar la salida, como para poder escapar de lo que consideré un abuso. En la medida que empecé a abandonar el recinto fui reaccionando. Mi mente comenzó a procesar y luego fluyeron sentimientos de rabia, indignación, injusticia, impotencia. No se cómo definir ese momento, en donde se me hizo pesado el largo y extenso camino de retorno a mi hogar. Me empecé a preguntar y a buscar una respuesta de consuelo: ¿por qué tanto? si me entregaron tan poco, casi nada. En casa, lo único que atiné fue ir a mi cama, en donde lo único que quería era dormir, e intentar bloquear mi ofuscamiento”, concluyó la ex docente.

Consignar además que se anexaron al cobro, insumos que no fueron ocupados por ella, y sí el personal que la atendió, como pecheras y mascarillas.

No hubo un alta formal, no hubo conversación final con la facultativa en torno a todo el proceso, tampoco una receta, que finalmente debieron entregar, tras un requerimiento del esposo que se dirigió la noche del mismo día al recinto.

La Sra. Lorenza, pese al muy mal momento vivido, que ha tratado de superar, está a la espera de una respuesta a un reclamo en forma virtual hecho a un correo de la clínica ese mismo día miércoles, que fue reiterado por su esposo al día siguiente en el recinto, vía telefónica , a la ejecutiva encargada de Atención a “Clientes” dependiente de la Gerencia de la Clínica San José, quien reconoció que por la “precariedad económica de la ex educadora , entendía el impacto causado por el valor de la atención”, comprometiéndose a una respuesta lo antes posible, ya que por reglamento estas se dan en un lapso de 15 días, para finalmente expresar este martes 28, que “habían miles de reclamos”, por lo que no podía anticipar una fecha.